
Hoy me he cargado un reloj intentando hacer que su giro fuera hacia la izquierda. Lo he abierto y con mucha mañana he examinado cada una de sus piezas intentando organizarlas de modo antihorario. Todo iba bien hasta que he empezado a cortar con las tijeras; al final, ha terminado por no encajar la maquinaria y lo he tirado aceptando mi derrota.
Y es que a mí la hora me da igual, únicamente necesito el reloj por su sonido; por el tic, tac que acompaña mis sueños cada noche. Sin él no se dormir, porque en el silencio, son mis demonios los que toman voz y me gritan al oído sus penas sometiéndome al insomnio.
Supongo que, como yo, muchas personas necesitan de una compañía para conciliar el sueño, bien de un amante, un peluche, o simplemente el ruidito de un reloj. La soledad es el peor sentimiento que inventó el arquitecto del mundo, y aunque no sea oportunamente correcto el depositar cariño en objetos, hoy lloro porque mi reloj se ha callado para siempre.
Y es que a mí la hora me da igual, únicamente necesito el reloj por su sonido; por el tic, tac que acompaña mis sueños cada noche. Sin él no se dormir, porque en el silencio, son mis demonios los que toman voz y me gritan al oído sus penas sometiéndome al insomnio.
Supongo que, como yo, muchas personas necesitan de una compañía para conciliar el sueño, bien de un amante, un peluche, o simplemente el ruidito de un reloj. La soledad es el peor sentimiento que inventó el arquitecto del mundo, y aunque no sea oportunamente correcto el depositar cariño en objetos, hoy lloro porque mi reloj se ha callado para siempre.
Sábado 3 de Marzo de 2007.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada